El final del viaje


Tras treinta y cinco años de viaje, ahora sentía el vértigo de ver finalizada su travesía.


Arrastraba el peso de los años transcurridos en el camino con toda la dignidad que podía reunir, pero le era imposible ocultar su cansancio. Sentía ya la necesidad de recostarse y cerrar los ojos. Ansiaba con todas sus fuerzas descansar en su paraíso soñado, y por fin se acercaba ese momento. Tan solo unos pasos le separaban de la cima de la colina, donde ya divisaba la atalaya que sería la meta de su viaje. Desde ella podría contemplar el paisaje que le aguardaba al otro lado del promontorio.

Su sombra, que a lo largo de los años siempre había sido sumisa, se había desprendido de sus pies hacía un tiempo y desde entonces caminaba acechante a su espalda, aguardando un momento de debilidad.

Cuando inició el viaje, era un joven cargado de esperanzas, que sin embargo ya había sufrido el zarpazo de una irreparable pérdida que había hecho añicos su ingenuidad. Con esa enorme cicatriz todavía fresca, había comenzado su viaje treinta y cinco años atrás, y ahora, en el vértigo de saber próximo el fin de su periplo, se preguntaba cuánto de él había sobrevivido a la travesía.

Observó nuevamente la atalaya mientras recuperaba el aliento, y se hizo una solemne promesa: en los años que le restaran por vivir, intentaría demostrarse a sí mismo que su viaje había valido la pena, que aquellos que habían quedado en el camino serían recordados, que su descendencia tendría un hermoso legado, y que su compañera, aquella que había sacrificado por él su juventud y su belleza, tendría siempre a su lado, hasta donde a él le fuera posible, un cómplice con el que contemplar juntos los atardeceres venideros.

Para Nieves, por su paciencia casi infinita.


El Peregrino de Casiopea - Peregrino
Peregrino (1905, Arnost Hofbauer)

Cáceres, 12 de agosto de 2022


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