Cada año visitaban el banco del parque en el que se conocieron para celebrar su aniversario. Tras su separación y un año de ausencia, volvieron a hacerlo.
Las olas le acarician la puntera de los zapatos y piensa que tan solo existe una forma de aliviar su culpa.
Sus citas oníricas se hicieron habituales; aprendieron a conducir sus sueños hacia el sendero de aquel bosque otoñal.
Aquella tarde de viernes de iniciación fabricaron recuerdos que les acompañarían el resto de sus vidas.
Es difícil explicar un despertar, ya sabéis lo extraños que son. La mayoría de las veces nada parece tener sentido.
En los años de penuria que pasó en la milicia, se prometió a sí mismo que haría cuanto pudiera por alcanzar una vida acomodada.
Se trataba de un simple reloj analógico de lo más común, pero su mecanismo albergaba la capacidad de invertir el tiempo
La moneda cae tintineando al suelo, rueda hasta debajo de la mesa y tras bailar unos segundos sobre sí misma, finalmente se detiene…
Llegó una mañana en la que la tormenta amainó y el sol hizo florecer de nuevo la vida a sus pies.
A las puertas del invierno, en el crepúsculo de sus vidas, afrontaron el asedio de la enfermedad parapetándose tras las frágiles notas de un bolero.
Tres estrellas en la bóveda celeste fueron testigos y garantes de su promesa de no separarse nunca, pero el tiempo pondría a prueba esa promesa.
Su amor quedó truncado por un suceso irreparable que los separó para siempre doce meses atrás. Jamás volverían a estar juntos. Sin embargo…
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