Cada tarde aguardaba impaciente la llamada junto al teléfono, esperando volver a escuchar aquella dulce voz que mitigaba su soledad
Cuando la medianoche está próxima, un bar solitario es siempre el lugar más propicio para las confidencias. El alcohol desata la lengua y deja correr la memoria, y nunca sabes quién es la… ¿persona?… que tienes delante.
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