Era la noche de San Nicolás en la ciudad asediada, y Teddy llegó a la casa para cumplir el sueño de una princesita de ojos alegres.
Sus citas oníricas se hicieron habituales; aprendieron a conducir sus sueños hacia el sendero de aquel bosque otoñal.
Es difícil explicar un despertar, ya sabéis lo extraños que son. La mayoría de las veces nada parece tener sentido.
Cuando la medianoche está próxima, un bar solitario es siempre el lugar más propicio para las confidencias. El alcohol desata la lengua y deja correr la memoria, y nunca sabes quién es la… ¿persona?… que tienes delante.
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